Desde la
concepción inicia un proceso de desarrollo que va a formar al nuevo ser en
todas las competencias que necesita tanto para el aprendizaje, la adaptación,
la supervivencia y el relacionamiento social, como para el desarrollo de
potencialidades y especialidades a nivel cognitivo, físico y artístico.
Si bien es cierto que la mayoría de las
funciones del desarrollo tienen un componente innato, es importante aclarar que
el niño debe APRENDER a COORDINAR BIEN dichas funciones, por lo tanto los
sentidos (oido, vista, gusto, olfato, tacto, vestibular y propioceptivo) juegan
un papel importante, ya que una vez que el ser humano nace, estos nos ayudan a relacionarnos con nosotros
mismos, con los otros y proporcionan información acerca de las condiciones del
ambiente y del propio cuerpo.
El sentido de la vista es el
que permite al hombre conocer el medio que lo rodea y relacionarse con sus
semejantes. Las imágenes visuales le proporcionan a través del ojo,
información sobre el color, la forma, la distancia, posición y movimientos de
los objetos. El sentido del oído nos permite percibir los sonidos, su volumen, tono, timbre y
la dirección de
la cual provienen. El olfato
es el más sensible de los sentidos, ya que unas cuantas moléculas –es decir,
una mínima cantidad de materia– bastan para estimular una célula olfativa. El gusto consiste en registrar el sabor e identificar determinadas
sustancias solubles en la saliva por medio de algunas de sus cualidades
químicas. El tacto es el
encargado de la percepción de los estímulos que incluyen el contacto y presión, los de temperatura y
los de dolor. Su órgano sensorial es la piel, que, además, tiene el mérito de ser el órgano más grande
del cuerpo. Estos cinco son considerados los sentidos externos.
Los sentidos
considerados internos son: La propiocepción es
el sentido que informa al organismo de la
posición de los músculos, es la capacidad de sentir la posición relativa de
partes corporales contiguas. La propiocepción regula la dirección y rango de
movimiento, permite reacciones y respuestas automáticas, interviene en el
desarrollo del esquema corporal y en la relación de éste con el espacio,
sustentando la acción motora planificada. Otras funciones en las que actúa con
más autonomía son el control del equilibrio, la coordinación de ambos lados del
cuerpo, el mantenimiento del nivel de alerta del sistema nervioso y la
influencia en el desarrollo emocional y del comportamiento. Por su lado
el vestibular, esta relacionado con
el equilibrio y el control espacial.
Por esto la propiocepcion viene a ser el
primer sentido a desarrollarse, luego el tacto, seguidamente el oido, el
vestibular y la vision.
En este
mismo proceso de desarrollo de los sentidos, el niño entre los cero (0) y los
seis (6) años debe lograr ciertas habilidades básicas de aprendizaje que son:
1. Esquema
Corporal
2. Organización
Espacial
3.
Organización Temporal
4.
Lateralidad
5. Ritmo
El esquema corporal El esquema corporal es
una representación del cuerpo, una idea que tenemos sobre nuestro cuerpo y sus
diferentes partes y sobre los movimientos que podemos hacer o no con él; es una
imagen mental que tenemos de nuestro cuerpo con relación al medio, estando en
situación estática o dinámica. Gracias a esta representación conocemos nuestro cuerpo y somos capaces de ajustar en
cada momento nuestra acción motriz a nuestros propósitos.
La organización espacial es la habilidad
del cerebro para manejar el espacio. En los niños y niñas es la capacidad que tiene el niño para
mantener la constante localización de su propio cuerpo, en relación de los
objetos con el espacio y de los objetos consigo mismo. La organización espacial
incluye: Posición (saber cómo estoy); Ubicación (saber donde estoy y donde esta
lo que me rodea, depende de la posición); y direccionalidad (se refiere a la identificación
de los lados derecho, izquierdo, arriba, abajo, depende de la posición y la ubicación).
La organización
temporal, es la capacidad de ubicación en el tiempo (dia, noche, lluvia, sol,
mañana, ayer, los días de la semana, los meses del año, etc), además es la capacidad
de entender que las actividades tienen un principio y una finalización.
La lateralidad
depende de la lateralización del cuerpo, es decir, la dominancia hemisférica del
cerebro, es importante para el aprendizaje de la lecto escritura y de la
motricidad. Se encuentra definida a los 5 años.
El ritmo
es la capacidad del cerebro de trabajar secuencialmente, dentro de una posición,
un espacio y un tiempo armónico.

Estas habilidades serán necesarias para
poder generar nuevos aprendizajes, por eso es supremamente determinante todo lo
que podamos brindarle al niño en esta etapa a nivel de afecto, alimentación,
cuidados, recreación, ambiente, comunicación, estimulación, hábitos y rutinas. Por
lo tanto es importante también, saber escoger el preescolar donde los niños
inicien el desarrollo de estas habilidades porque son estas la base para la escritura, la lectura, la
postura, la socialización e interacción y consecuentemente el desarrollo de la
personalidad.
Pese a todo lo anterior es importante que los profesionales de las areas de neurodesarrollo,, psicología, terapia ocupacional, educación especial, educacion infantil, fonoaudiología y padres de familia, entiendan que todos los niños y niñas aprenden a un ritmo propio y que tienen capacidades y habilidades diferentes.
Pese a todo lo anterior es importante que los profesionales de las areas de neurodesarrollo,, psicología, terapia ocupacional, educación especial, educacion infantil, fonoaudiología y padres de familia, entiendan que todos los niños y niñas aprenden a un ritmo propio y que tienen capacidades y habilidades diferentes.
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