Dejar el pañal significa un logro más en el
desarrollo del niño,
en su autonomía y madurez socio-emocional,
por lo cual el niño necesita sentirse capaz
y ser más consciente del funcionamiento
de su propio cuerpo.
Se dice que un niño controla esfínteres cuando de forma autónoma domina el impulso de orinar o defecar; está asociado con la adquisición de buenos hábitos de salud, higiene, y nutrición. Estos hábitos no sólo contribuyen al cuidado del propio cuerpo y de los espacios en los que vive, sino que son también fundamentales en el proceso de autonomía del niño, sin embargo, si lo miramos más profundamente “es parte de un proceso en el cual los niños y las niñas exteriorizan su voluntad y su propio deseo por hacerlo, en la medida que hay un medio social sano, una madurez cognitiva, comunicativa y sobre todo corporal”. (Diana carolina Cardenas, Boletín Experiencias Significativas).
Cada
niño dará las pautas para el inicio del proceso y por tanto las familias deben
reconocer las señales que les permitirán identificar el momento oportuno para
iniciarlo. A su vez, es importante iniciar este proceso en un momento en el
cual no se estén presentando cambios significativos para el niño como duelos
familiares, cambio de domicilio, viaje de los padres, nacimiento de un
hermanito, entre otros.
¿Cuándo
comenzar?
Primero
que todo es importante identificar claramente si es el momento para iniciar
este proceso sin presionar al niño y asumiéndolo con tranquilidad, cuando se
tome la decisión se debe realizar de forma continua y diaria, recordándole y
llevándolo frecuentemente al baño, es decir, no se puede hacer un día si y al
otro no, ya que al ser interrumpido, más se demorara el niño en adquirirlo.
En algunas ocasiones el ver
como otros niños van al baño, motiva a los otros niños a iniciarlo; las
familias pueden estar atentas a las etapas que el niño presenta durante el
proceso:
Primera
etapa: Al niño
comienza a molestarle la sensación de sentir su pañal mojado.
Segunda
etapa: Avisa el
deseo de ir al baño, en el momento justo que lo está haciendo en el pañal.
Tercera
etapa: Avisa
momentos antes de realizar su necesidad.
Cuarta
etapa: Avisa
y logra controlar su cuerpo hasta llegar al baño.
Si el niño está pasando por la
primera etapa, es decir, avisa cuando ya está mojado, cámbielo y felicítelo por
avisar, muéstrele como se tira el pañal sucio; enséñele el baño y explíquele
para qué sirve y cómo se usa. Cuando usted observe que su niño está dando
señales que quiere ir al baño o que se está haciendo, enséñele que debe avisar
diciendo “baño” o alguna palabra clave; luego cámbielo.
Posteriormente,
el niño podrá avisar en el preciso momento en el que se está haciendo;
felicítelo, pues es su primer logro en su entrenamiento. Ahora explíquele
que debe comunicar cuando siente “deseos” de hacer pipi o popo, es decir que
avise con anticipación.
Poco
a poco, el niño tendrá mayor control de sus esfínteres, debe observar si el
niño ya es capaz de retener y si ya tiene más control de las funciones de su
cuerpo.
Haga que use regularmente el baño de tal manera
que luego lo pida. Es importante que los padres observen en qué horario el
niño acostumbra evacuar y llevarlo al baño en ese horario.
En este proceso, el niño puede llegar a
sentirse frustrado al ver que en ocasionas no lo logra, sin embargo la actitud
del adulto debe ser tranquila brindando la confianza necesaria para que el niño
asuma cada situación como parte del proceso, bajo ningún motivo el adulto debe
gritar o agredir al niño física o emocionalmente, ya que al hacerlo se
interrumpe y obstruye el proceso generando en el niño sentimientos de angustia,
ansiedad y temor.
Cuando el niño está preparado el
proceso es corto y se realiza de forma tranquila; en la noche el proceso de
control de esfinteres se demora un poco más, pero es importante que
los adultos generen estrategias como llevar al niño al baño antes de ir a
dormir o llevarlo durante la noche si el niño lo solicita.


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