SER PADRES: UNA FORMA DE DEJAR DE SER PAREJA.
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La llegada de un hijo, implica un cambio radical en la
cotidianidad.
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La cotidianidad parental puede convertirse en un tren
de ocupaciones.
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Los hijos y sus necesidades podrían llegar a justificar
un sin fin de razones para no tener tiempo.
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Los mitos de la “buena madre” y el “buen padre” pueden
traducirse en la postergación de la intimidad sexual.
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Los espacios del hogar pueden llegar a convertirse en
espacios exclusivos del niño.
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Cualquier intento de la madre en ocuparse de sí misma,
corre el riesgo de hacerle sentirse culpable.
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Una mujer que se relaciona consigo misma como “buena
madre” se dedica a su hijo exclusivamente y posterga su deseo sexual.
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Un hombre que se relaciona con su esposa como “buena
madre” corre el riesgo de resolver su tensión sexual fuera de casa.
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SER PAREJA SIN DEJAR DE SER PADRES.
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Comprenda que su condición de padre no le convierte en
un individuo asexuado.
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El compromiso de su dignidad como mentor de sus hijos,
y su capacidad de dar ejemplo no depende del sacrificio de su intimidad sexual.
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La distribución del tiempo familiar, debe contemplar
la dedicación a los hijos y el tiempo privado de los adultos.
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Los espacios del hogar deben incluir los lugares en
común, los lugares del niño, y el lugar de los adultos.
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Distinga los roles que integran su relación familiar,
teniendo claro que la base de su intimidad de pareja, le consolidará como padre
y madre responsable.
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Este atento a la rutina, los deberes y las
ocupaciones, que constituyen los principales enemigos potenciales de la
intimidad conyugal, luego de la inauguración del rol de padres.

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